Placer, vicio o, simplemente, rutina. El hábito de fumar que originariamente se inició en América y se extendió con los españoles al resto del mundo, es hoy la segunda causa principal de mortalidad a nivel global, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), y provoca una de cada diez muertes de adultos (unos cinco millones) al año. Cifras que producen escalofríos, más teniendo en cuenta que podrían ser “evitables”.

La preocupación por el aumento creciente del número de personas que fuman y por sus efectos negativos sobre la salud, llevó a la creación, en 2003, de un Convenio Marco para el Control del Tabaco impulsado por la OMS, firmado por nuestro país en ese mismo año pero aún no ratificado por el Congreso.
Esta propuesta para trabajar en la prevención del tabaquismo considera, sin duda, al cigarrillo como desencadenante de una serie de enfermedades que, según señala Georgina Araceli Alberro, nutricionista y tabacóloga asociada a APSOT, pueden presentarse en dos grupos de personas: “el fumador activo, que voluntariamente se expone al humo del fumar cigarrillo; y el fumador pasivo, que de manera involuntaria se ve expuesto”.

Entre las enfermedades que pueden ser consecuencia de los efectos del “pucho” se encuentran las más conocidas como el cáncer de pulmón - de cinco a 20 veces mayor en los fumadores que entre quienes no lo son-, el cáncer de laringe y el de esófago. Y otros como el cáncer de vejiga, la enfermedad coronaria – entre el 30 y el 40% de las muertes por esta causa dependen del tabaco- , la enfermedad cerebro-vascular – el fumador tiene el doble de posibilidades de presentar un accidente de estas características – y la enfermedad oclusiva arterial periférica.

También la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) podría considerarse patrimonio de los fumadores, “tanto en forma de bronquitis crónica como en la de enfisema pulmonar. En el gran fumador la posibilidad de EPOC es 30 veces mayor que en el no fumador, y entre el 80 y el 90% de las muertes por esta enfermedad se presentan por fumar”, afirma Georgina Araceli.

Los fumadores pasivos también sufren por la exposición al humo, que se vincula con síntomas de irritación ocular, secreción moco nasal, dolor de cabeza, tos y posibilidad de sufrir, con mayor frecuencia, enfermedades respiratorias.